Agricultura
Investigadores de CEAZA y agricultores analizan el uso de bioinsumos para mejorar la salud de los suelos regionales
La escasez hídrica, la degradación de los suelos y el aumento de los costos de producción son algunos de los principales desafíos que enfrenta actualmente la agricultura local. Por ello, investigadores de CEAZA están explorando una alternativa que podría tener un impacto significativo en la productividad y sustentabilidad de los cultivos: el uso de microorganismos benéficos.
La escasez hídrica, la degradación de los suelos y el aumento de los costos de producción son algunos de los principales desafíos que enfrenta actualmente la agricultura local. Por ello, investigadores de CEAZA están explorando una alternativa que podría tener un impacto significativo en la productividad y sustentabilidad de los cultivos: el uso de microorganismos benéficos.
Con el objetivo de acercar estos conocimientos a agricultores, asesores técnicos y profesionales del sector, se desarrollaron dos jornadas de talleres en Vicuña y Ovalle, liderados por CEAZA, enfocados en la biodiversidad microbiana nativa y su potencial para fortalecer una agricultura más sustentable.
Uno de los principales mensajes abordados durante los encuentros fue que las plantas no enfrentan solas las condiciones ambientales adversas. Al interior de sus tejidos y en el suelo que las rodea habitan comunidades de microorganismos capaces de contribuir a su crecimiento, nutrición y capacidad de adaptación.

“Generalmente consideramos que lo que vemos de una planta depende de su genética y de los factores ambientales. Hoy en día sabemos que las comunidades microbianas que habitan en ellas también contribuyen”, explicó el investigador de CEAZA, Dr. Máximo González.
Según el especialista, estas comunidades pueden aportar funciones que ayudan a las plantas a enfrentar distintos tipos de estrés, como la falta de agua, la salinidad de los suelos, las altas temperaturas o el ataque de patógenos.
Los talleres también dieron a conocer investigaciones desarrolladas por CEAZA en el marco de proyectos científicos que buscan identificar microorganismos presentes en cultivos regionales y plantas nativas, con el fin de evaluar su potencial uso en la agricultura.
Alexandra Stoll, investigadora de CEAZA, señaló que el trabajo desarrollado por los laboratorios de Microbiología Aplicada y Fisiología Vegetal apunta a encontrar bacterias adaptadas a las condiciones climáticas de la zona.
“Utilizamos microorganismos aislados desde plantas de cultivo regionales o desde plantas nativas, porque buscamos caracterizar bacterias que ya están adaptadas a las condiciones de suelo y clima locales”, indicó.

Stoll explicó que, más allá de solo suplir necesidades específicas de fertilización o control de enfermedades, los bioinsumos buscan fortalecer las interacciones biológicas naturales presentes en los ecosistemas agrícolas.
De esta forma, un mismo microorganismo puede contribuir simultáneamente a mejorar la disponibilidad de nutrientes, estimular el crecimiento radicular, fortalecer las defensas frente a patógenos y aumentar la tolerancia a condiciones ambientales adversas.
La temática cobra especial relevancia considerando el estado de los suelos en el país. Williams Arancibia, agrónomo de CEAZA, advirtió que “es importante desarrollar este tipo de actividades pensando en cómo podemos remediar esta problemática, especialmente considerando que una parte importante de los suelos degradados se concentra en las regiones de Coquimbo, Valparaíso y O’Higgins”, señaló.
Desde el sector productivo, los participantes valoraron la posibilidad de conocer avances científicos que comienzan a mostrar aplicaciones concretas para la agricultura regional. Ulises Contador, productor agrícola e integrante del directorio de CEAZA, destacó la importancia de transferir estos conocimientos a quienes trabajan directamente en el campo.
“Los alcances en reducción o eficiencia de fertilizantes, los manejos de insectos y sobre todo de enfermedades bacterianas y fúngicas, son muy importantes en especies de ciclo corto, como las que mostraron que eran flores, pimiento, tomate, como también una gran necesidad para la zona que tiene que ver con frutales de periodo más largo como paltos, cítricos y vides”, comentó.
Las actividades se desarrollaron en el marco del proyecto FONTAGRO “Plataforma para la transferencia y uso eficiente de bioinsumos en fincas de América Latina” y del proyecto Anillo ATE250038 “Desentrañando las contribuciones de la genética del hospedero, el ambiente y el reclutamiento del microbioma a la resiliencia del tomate frente a la sequía”, iniciativas que buscan generar conocimiento científico y transferir herramientas que contribuyan a una agricultura más sustentable y adaptada a los desafíos climáticos del territorio.

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